En una posguerra, bajo una dictadura, mis padres encontraron el sentido de sus vidas compartidas.
Bajo ese sistema de pensamiento único transcurrió un largo periodo.
Pude conocer un mundo en que pensar y ser diferente no estaba juzgado con el filo de la ley.
Escucho que vuelven los cercos.
Pasos que aplastan la esperanza de mañana.
Angosto camino espera.
Nos cortan las alas.
Cierran el paso.
Lo hacen con el silencio de los que no ven al depredador bajo piel de iguales.
Los honores de una raza no se compran con la savia de la piel.
Discursos ante banderas y príncipes, son nada.
Quien los hace, debería perderse en el aire.
Quien acepta el aplauso, pierde a cambio de moneda falsa.
Gala ante un público vestido de gala.
Mediocridades engalanadas y condecoradas, sin otra valía que la del peldaño heredado o mal ganado, a costa de hombros de nadies que son reales.
Escucho los discursos de aspirantes políticos.
Pienso en el miedo de esas personas que tienen un plazo que no pueden cumplir para hacer frente a unas deudas causadas por el engaño de cantos de sirena favorecidos por esos mismos políticos que no se hacen responsables de esa violencia.
No tengo alegría.
Lo siento, pero no.
La tendría si la esperanza cayera sobre tejados y terrazas de nuestras casas.
Si mañana pudiera imaginarse.
Si la violencia sobre nuestras cabezas dejara de ser la espada damocliana.
Si cada ser humano que asiste al mágico misterio de la vida tuviera futuro para los pasos venideros.
Hoy, en mi regreso a Barna, hemos pasado por la carretera vieja. Ha sido grato andar entre el paisaje y ver a nuestros pies el ocaso de un sol que parecía sumergirse en un azul espejado.
Todos hemos perdido.
Así estamos.
Bajo ese sistema de pensamiento único transcurrió un largo periodo.
Pude conocer un mundo en que pensar y ser diferente no estaba juzgado con el filo de la ley.
Escucho que vuelven los cercos.
Pasos que aplastan la esperanza de mañana.
Angosto camino espera.
Nos cortan las alas.
Cierran el paso.
Lo hacen con el silencio de los que no ven al depredador bajo piel de iguales.
Discursos ante banderas y príncipes, son nada.
Quien los hace, debería perderse en el aire.
Quien acepta el aplauso, pierde a cambio de moneda falsa.
Gala ante un público vestido de gala.
Mediocridades engalanadas y condecoradas, sin otra valía que la del peldaño heredado o mal ganado, a costa de hombros de nadies que son reales.
Pienso en el miedo de esas personas que tienen un plazo que no pueden cumplir para hacer frente a unas deudas causadas por el engaño de cantos de sirena favorecidos por esos mismos políticos que no se hacen responsables de esa violencia.
Lo siento, pero no.
La tendría si la esperanza cayera sobre tejados y terrazas de nuestras casas.
Si mañana pudiera imaginarse.
Si la violencia sobre nuestras cabezas dejara de ser la espada damocliana.
Si cada ser humano que asiste al mágico misterio de la vida tuviera futuro para los pasos venideros.
La peor es la de la dejación de quien otrora nos amaba.
La palabra en tu mano es surco que aletarga.
Haig de tancar les meves parpelles perque la fuscor il·lumini la meva ment.
Hasta el 10 de octubre, si no se retrasan.